El lado Oscuro de Londres: Prostitución y Cabarets
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El lado Oscuro de Londres: Prostitución y Cabarets
Cabarets
Se distingue de otros locales de espectáculos, entre otras cosas, en que los cabarets tienen un bar, cuando son pequeños, y un bar y un restaurante, cuando son grandes. Durante las actuaciones, se puede comer y beber, o conversar con otros espectadores.
El público de los cabarets aplaude, con frecuencia, espectáculos atrevidos, tanto políticos como sexuales, pero también pueden encontrarse una sala de espectáculos, generalmente nocturnos, que suelen combinar música, danza y canción, pero que pueden incluir también la actuación de humoristas, ilusionistas, mimos y muchas otras artes escénicas.
El café-concert, nacido con la Revolución Francesa, se popularizó en la segunda mitad del siglo XIX. Uno de los más conocidos fue el Moulin de la Galette, inmortalizado por Pierre-Auguste Renoir en su famosa obra. Eran lugares donde la gente iba exclusivamente a bailar y a divertirse; pero los creadores de los primeros cabarets querían algo más intelectual y más inconformista, locales que fueran adecuados para los cantautores o donde, por ejemplo, se pudiera bailar el can can, baile creado a mediados del siglo XIX que a muchas personas les parecía escandaloso y, además, demasiado difícil, y, por lo tanto, completamente inadecuado para un café-concert.
Algunos cabarets muy famosos como el Moulin Rouge o el Lido son conocidos por sus revistas, pero la mayoría presentan espectáculos de variedades, es decir números de baile, canto, pantomima, prestidigitación, strip-tease, transformismo, etc. sin ninguna relación entre sí, por esta razón el artista ideal de cabaret sería un one man show, un showman: actor, bailarín, cantante, humorista, músico, etc. y, como el público suele ser cosmopolita, también políglota.
El bikini, la minifalda, el tanga y el topless, entre otros, fueron utilizados por artistas de cabaret mucho antes de que fueran modas generalizadas.
Prostitucion
La prostitución era una actividad muy frecuente en la Inglaterra del siglo XIX. Tan sólo en Londres se calcula que había unas 2.000 prostitutas en los barrios bajos de la ciudad. Generalmente éstas eran mujeres que hacían la calle por unas pocas monedas y que procedían de las más diversas nacionalidades. Londres era una capital terriblemente pujante y era un destino muy popular en los flujos migratorios.
Las prostitutas poblaban los bares y las calles de Whitechapel, uno de los barrios más pobres del East End. Pero también se encontraban cerca de teatros y establecimientos de ocio masculino, desde burdeles hasta locales donde los hombres bebían y disfrutaban de espectáculos eróticos que muchas veces estaban protagonizados por menores de edad.
La prostitución homosexual también existía. Se concentraba eso sí en burdeles mucho más secretos ya que el tabú entonces era aún mucho mayor. El puritanismo y la doble moral son propias de la época. La Reina Victoria mandó alargar los manteles de palacio para que cubrieran las patas de la mesa en su totalidad porque según la reina podían incitar a los hombres al recordar las piernas de una mujer. Nos encontramos pues ante una época sexualmente muy represiva pero increíblemente prolífica bajo su superficie. De hecho, se hizo famoso el escándalo de la redada de un burdel homosexual ya que salpicó a nombres de la aristocracia.
Las enfermedades sexuales fueron, por consiguiente, muy corrientes en la época, como lo fue también la tuberculosis.
A finales del siglo XIX y principios del XX, la prostitución fue callejera fue enfundada por la novedad de los burdeles y cabarets.
Se distingue de otros locales de espectáculos, entre otras cosas, en que los cabarets tienen un bar, cuando son pequeños, y un bar y un restaurante, cuando son grandes. Durante las actuaciones, se puede comer y beber, o conversar con otros espectadores.
El público de los cabarets aplaude, con frecuencia, espectáculos atrevidos, tanto políticos como sexuales, pero también pueden encontrarse una sala de espectáculos, generalmente nocturnos, que suelen combinar música, danza y canción, pero que pueden incluir también la actuación de humoristas, ilusionistas, mimos y muchas otras artes escénicas.
El café-concert, nacido con la Revolución Francesa, se popularizó en la segunda mitad del siglo XIX. Uno de los más conocidos fue el Moulin de la Galette, inmortalizado por Pierre-Auguste Renoir en su famosa obra. Eran lugares donde la gente iba exclusivamente a bailar y a divertirse; pero los creadores de los primeros cabarets querían algo más intelectual y más inconformista, locales que fueran adecuados para los cantautores o donde, por ejemplo, se pudiera bailar el can can, baile creado a mediados del siglo XIX que a muchas personas les parecía escandaloso y, además, demasiado difícil, y, por lo tanto, completamente inadecuado para un café-concert.
Algunos cabarets muy famosos como el Moulin Rouge o el Lido son conocidos por sus revistas, pero la mayoría presentan espectáculos de variedades, es decir números de baile, canto, pantomima, prestidigitación, strip-tease, transformismo, etc. sin ninguna relación entre sí, por esta razón el artista ideal de cabaret sería un one man show, un showman: actor, bailarín, cantante, humorista, músico, etc. y, como el público suele ser cosmopolita, también políglota.
El bikini, la minifalda, el tanga y el topless, entre otros, fueron utilizados por artistas de cabaret mucho antes de que fueran modas generalizadas.
Prostitucion
La prostitución era una actividad muy frecuente en la Inglaterra del siglo XIX. Tan sólo en Londres se calcula que había unas 2.000 prostitutas en los barrios bajos de la ciudad. Generalmente éstas eran mujeres que hacían la calle por unas pocas monedas y que procedían de las más diversas nacionalidades. Londres era una capital terriblemente pujante y era un destino muy popular en los flujos migratorios.
Las prostitutas poblaban los bares y las calles de Whitechapel, uno de los barrios más pobres del East End. Pero también se encontraban cerca de teatros y establecimientos de ocio masculino, desde burdeles hasta locales donde los hombres bebían y disfrutaban de espectáculos eróticos que muchas veces estaban protagonizados por menores de edad.
La prostitución homosexual también existía. Se concentraba eso sí en burdeles mucho más secretos ya que el tabú entonces era aún mucho mayor. El puritanismo y la doble moral son propias de la época. La Reina Victoria mandó alargar los manteles de palacio para que cubrieran las patas de la mesa en su totalidad porque según la reina podían incitar a los hombres al recordar las piernas de una mujer. Nos encontramos pues ante una época sexualmente muy represiva pero increíblemente prolífica bajo su superficie. De hecho, se hizo famoso el escándalo de la redada de un burdel homosexual ya que salpicó a nombres de la aristocracia.
Las enfermedades sexuales fueron, por consiguiente, muy corrientes en la época, como lo fue también la tuberculosis.
A finales del siglo XIX y principios del XX, la prostitución fue callejera fue enfundada por la novedad de los burdeles y cabarets.

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